PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980)

Aún en 2020, la ópera prima de Pedro Almodóvar es una película que derrocha irreverencia y provocación prácticamente en cada una de sus secuencias. Pese a estar marcada por una limitación innegable en cuanto a la técnica (la edición de sonido es insufrible, por ejemplo), el director utiliza su rudimentario lenguaje para expresar con osadía un refrescante desprecio por las normas de la sociedad patriarcal, heterosexual y católica (¿pleonasmo?) en la que creció.

La historia de las tres mujeres que le dan nombre a la película es una de esas que sólo acontece en el universo de Almodóvar: Pepi (Carmen Maura) es una joven que vive en un pequeño apartamento de Madrid, en donde se divierte cultivando en su balcón una pequeña selva de plantas de marihuana. Hasta ese pequeño apartamento llega un policía (Félix Rotaeta), quien, luego de atisbar las hojas verdes desde la calle, a cambio de no judicializar a Pepi le pide sexo, a lo cual ella accede mientras sólo sea anal, puesto que está guardando la virginidad vaginal para venderla a un buen postor. Omitiendo la petición, el policía termina violando a Pepi, por lo cual ella busca la manera de vengarse, y contrata a un grupo de amigos, que a su vez conforman una banda de punk en donde canta Bom (Alaska), para darle una paliza al policía. Desafortunadamente el plan se frustra porque terminan dándole golpes al hermano gemelo del violador. Determinada a lograr su venganza, Pepi aborda a Luci (Eva Siva), la esposa del policía, una mujer de Murcia de unos cuarenta años cuya personalidad masoquista se revelará pronto. Las dos terminan haciéndose amigas gracias al fingido interés de Pepi por aprender a tejer. Durante una de las clases en el apartamento de Pepi, Bom conoce a Luci en una escena desconcertante e hilarante a la vez: la primera orina copiosamente sobre la segunda, iniciando así una relación amorosa de dominación en la cual la esposa disfruta el maltrato de la impetuosa cantante de punk. Dejando a su marido porque no la trataba tan mal como esperaba, Luci se une a Pepi y a Bom en su agitada vida en plena Movida Madrileña, yendo a diversas fiestas y conciertos. Es en uno de estos cuando Bom le dedica a su nueva amante la canción “Murciana Marrana”, que dice:

“Te quiero porque eres sucia / guarra, puta y lisonjera;

la más obscena de Murcia / y a mi disposición entera.

Sólo pienso en ti, murciana, /porque eres una marrana.

Te meto el dedo en la raja, / te arreo un par de sopapos,

para postre te obligo a hacerme una paja. / Soy más violenta que el GRAPO.

Sólo pienso en ti, murciana / porque eres una marrana.

Te voy como anillo al dedo, / conmigo tienes orgasmos

Si en la boca te echo un pedo, /me aplaudes con entusiasmo.

Me perteneces, murciana,/ porque a mí me da la gana.”

Bom, Luci y Pepi durante una de sus fiestas.

Entretanto, Pepi se une a una firma de publicidad donde comienza a ganarse la vida haciendo campañas publicitarias para excéntricos productos, como una marca de ropa interior femenina que a la vez sirve para retener flatulencias, condensar meadas y enrollarse como un vibrador. (Los comerciales que realiza Pepi aparecen en la película, protagonizados de manera graciosa por Cecilia Roth). Luego de varios ires y venires, la película cierra cuando el policía, cuya paciencia con su esposa fugitiva se ha colmado, termina dándole tal paliza a Luci que la deja hospitalizada. Cuando Pepi y Bom van a visitarla al hospital, les informa a sus amigas que volverá con su esposo, quien finalmente le ha dado lo que quiere, comportándose como el cerdo que esperaba que fuera cuando se casó con él sabiendo que era policía.

Esta particular historia sigue siendo, a mi manera de ver, una punta de lanza en la subversión de las representaciones tradicionales tanto de las mujeres como de las identidades queer. Almodóvar crea un mundo en el cual la alianza entre los personajes femeninos es el núcleo esencial en la construcción de las relaciones afectivas, excluyendo el rol de los hombres para hacer posible que existan sus identidades como mujeres. Así queda confirmado en la secuencia final de la película, en la cual Pepi y Bom, aunque decepcionadas por la decisión de Luci, deciden irse a vivir juntas en una suerte de pacto de incondicionalidad entre las dos. Además de dicho pacto entre mujeres, la construcción de la feminidad de los personajes está marcada por una actitud de no-juicio ante la vivencia libre de la sexualidad, en donde no existen títulos que encasillen la orientación sexual, el género o la preferencia para obtener placer de ninguno de los personajes. La película insiste en esto a través de sus imágenes: desde la postura de Pepi sobre la virginidad hasta la infidelidad y el masoquismo consciente de Luci o la relación lesbiana entre ésta y Bom. Sobre esto último, el mismo director dice: “los hombres merecen ser engañados por las mujeres. Me encanta la idea de que una chica engaña a su esposo con una mujer; es una imagen que me resulta atractiva y que forma parte de la autonomía secreta de las mujeres”. (Levy, E., Gay Films, Gay Directors 2015: 17)

Las tres amigas en la casa de Bom.

En esta misma línea es particular la secuencia de una fiesta madrileña en la que un grupo de hombres, subidos en una tarima, participan del concurso “Erecciones generales”, en el que buscan obtener el premio de quién tiene el pene más grande. Un personaje interpretado por el mismo Almodóvar mide ante una pequeña multitud de mujeres, gays y transexuales el largo y el grosor del miembro de los participantes que, de ser ganadores, pueden elegir hacer cualquier cosa con cualquiera de los presentes. El ganador decide que Luci le haga sexo oral, lo cual ella hace en frente de todos sin mucho reparo. Más allá de ser una escena que representa el ambiente de la Movida Madrileña, es interesante cómo Almodóvar desplaza el lugar tradicional de la mujer en el cine, que desde sus inicios la ha situado como objeto pasivo de deseo (Laura Mulvey publicó  en 1975 un texto fundacional al respecto). Es bastante inusual que el hombre y su cuerpo sean el objeto del placer en la pantalla, y mucho menos que los observadores sean este grupo de personajes sexualmente diversos. Todavía más, la felación cobra un significado distinto cuando es una mujer, con nombre propio, quien se acerca a obtener placer de un hombre cuya identidad poco importa, convirtiéndose ella en sujeto y agente sexual.

Sin duda alguna, el lenguaje cinematográfico de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón parece bastante distante del derroche de técnica y de la cuidada estética de las películas de Almodóvar a partir de finales de los 80. Sin embargo, el relato cómico, kitsch y explícitamente gay de estas tres chicas desparpajadas en la Madrid post-franquista contiene los elementos esenciales que han hecho de Almodóvar uno de los directores más originales de los últimos tiempos: historias arrastradas por la pasión, el deseo y el amor; personajes marginales y situaciones descabelladas que descentran al espectador, juegan con temas tabú y desafían las comprensiones tradicionales de género y sexualidad; y sobre todo una intertextualidad constante con la música, la literatura, las artes plásticas y la historia del cine para construir relatos únicos. Refresca ver hoy una película que se mantiene tan contestataria y rebelde como hace 40 años. 

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