REPULSION (1965)

Por recomendación de un amigo cinéfilo me acerqué hace unos días a Repulsion (1965), la segunda película en la obra de Roman Polanski y la primera en inglés. Es una historia de terror piscológico que sucede mayoriariamente en un apartamento de Kensington (Londres), rodada en blanco y negro (opción estética análoga a la de Hitchcock en Psycho), y que a través de constantes primeros planos, la musicalización precisa y la utilización exquisita del lenguaje audiovisual construye un ambiente asfixiante a través del punto de vista de su protagonista, Carol.

El personaje principal, interpretado de manera impecable por una joven Catherine Denueve, es una inmigrante, probablemente de Bélgica, quien trabaja en un centro de belleza haciendo manicure y vive con su hermana en un desgastado apartamento rentado. Carol es introvertida y silenciosa. No obstante, su rasgo más notorio conforme transcurre la película es su rechazo hacia la sexualidad: se paraliza ante los cortejos del apuesto Colin (John Fraser), aparentemente genuino en sus intenciones (sin olvidar que es el mundo de hace 60 años), y se asquea ante la presencia y las pertenencias de Michael (Ian Hendry), el antipático (y casado) novio de su hermana. Carol es prácticamente incapaz de articular palabra y mantiene la mirada perdida todo el tiempo (“¡deja de soñar!”, le dice su compañera de trabajo), rasgos que logran transmitir angustia e impotencia suficientes como para sentir tanto empatía inmediata como desespero ante la joven. Luego de que su hermana parte de vacaciones con su novio durante varios días, el estado mental de Carol empeora y el tono terrorífico de la película aumenta: aislada en su casa empieza a tener alucinaciones en las que es abusada sexualmente, como si le resultara imposible escapar a una lascivia masculina invisible y pesada al mismo tiempo. La situación empeora cuando ella recibe la visita de Colin, que se preocupa por su bienestar, y del propietario del apartamento, quien intenta abusar de ella. Los dos terminan asesinados por una Carol cada vez más desconectada de la realidad.

Carol (Catherine Deneuve) y su mirada perdida.

Considero que Repulsion es exitosa en su tono porque Polanski, a pesar de ser una de sus primeras obras, usa los recursos audiovisuales como un cineasta experto. Así se percibe en el uso de la mirada catatónica de la protagonista, aparentemente vacía pero en realidad síntoma de atiborramiento emocional y de traumas pasados, como un hilo conductor a lo largo de la película: comenzamos confrontados a un primerísimo plano del ojo desorientado de Carol y terminamos con la mirada rabiosa en una fotografía de su infancia. Esa misma mirada aparece inquieta cuando la protagonista ve su propio reflejo, como si no se reconociera a sí misma, como si estuviese buscándose todo el tiempo. El director, además, se encarga de proveer de contenido psicológico objetos cotidianos: las grietas en las paredes y en las aceras representan el resquebrajamiento mental, las papas podridas sobre el mesón denotan la desconexión con la realidad, el conejo putrefacto y descuartizado vaticina los hombres que serán asesinados, los sonidos repetitivos del reloj, las campanas monjiles, el timbre y el teléfono… Polanski, sumado a una interpretación (insisto) maravillosa de Deneuve, nos lleva por un camino de horror, desconsuelo y devastación que nos aprehende de la misma manera que las manos que emergen de las paredes para atrapar a Carol.

En perspectiva, existen algunos matices en Repulsion que dan qué pensar. Por un lado, Polanski se desmarca del canon del género de terror al hacer que una mujer sea quien comete los asesinatos, decisión aún más inusual para la época. De hecho, es interesante que Carol, una mujer que en cierto modo encarna los cánones tradicionales de belleza, tenga un trastorno relacionado con la sexualidad y con la actitud que los hombres tienen hacia ella. Sus acciones violentas podrían interpretarse como una rebelión ante lo esperable de una mujer, como una respuesta al llamado social de ser un objeto de deseo y cumplir el rol de novia/esposa. Pero por otro lado, no obstante, la película explica el comportamiento de Carol insinuando de manera sutil que fue víctima de abuso a través de una fotografía familiar en la cual la protagonista, como niña, aparece distante y mirando con resentimiento a un hombre mayor que se puede suponer que es su padre. Este dato, dada la historia del director tan ampliamente conocida, resulta más aterrador que el argumento de Repulsion. Aún más, tal explicación que sólo es insinuada deslegitima la rebelión del personaje principal al retratarla como una mujer trastornada (una loca), negando la posibilidad de comprenderla como víctima y sólo como victimaria. Creería que un paso adelante en este tipo de representación es retomado por el director en Death and the Maiden (1994).

Finalmente, debo reconocer que aunque normalmente no me acerco a las películas que están dentro del género de terror, Repulsion me ha parecido una película fascinante. El nivel de incomodidad física, angustia e intranquilidad que me ha generado esta historia es algo que no había experimentado hace mucho tiempo.

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