THE THOMAS CROWN AFFAIR (1968)

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Los molinos de tu mente

50 años de El Affaire de Thomas Crown

La década de 1960 fue la década más colorida de la historia. No era raro ver que una película abusara de tonos apasionados en el vestuario, la escenografía o incluso las campañas gráficas de los films, donde hasta la película más seria tenía algún rojo o amarillo intenso en alguna parte. Basta recordar el póster británico de Dr. No (1962), la primera película de James Bond donde el personaje de Sean Connery era recortado contra un fondo amarillo chillón junto a sus chicas, o esa paleta que combinaba rosas, amarillos, verdes y azules en tonos chocantes dentro del musical de Jacques Demy, Los Paraguas de Cherburgo (1964), para poner dos ejemplos de films completamente opuestos donde la estética del technicolor se anunciaba con bombos y platillos.

Y así llegamos a los swinging ’60, el final de la década, donde hace cincuenta años tuvo lugar el estreno del film que ocupa este artículo: El Affaire de Thomas Crown.

Puede que a muchos, como el afamado crítico Roger Ebert, el film les parezca “mal escrito y excesivamente fotografiado”, demasiado ligado a una época (dated, para decirlo en inglés). Sin embargo, la belleza en la historia de Alan R. Trustman dirigida por Norman Jewison se centra más en lo artístico que en lo argumentativo. En pocas palabras, es una obra de arte en movimiento donde el argumento (que no está mal) pasa a segundo plano para dar lugar a la colorida cinematografía de Haskell Wexler, la novedosa edición de Hal Ashby y la memorable música de Michel Legrand. También está la belleza de sus protagonistas, Steve McQueen y Faye Dunaway, cuyo inolvidable beso dura más de un minuto y termina con la cámara haciendo un travelling circular en donde los amantes se “funden” ante nosotros.

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La historia, es verdad, es simple. Más de uno creería que hay un ochenta por ciento de ficción y un veinte de realidad en la forma que el protagonista, el empresario aburrido Thomas Crown (McQueen), planea el robo a un banco dirigiendo a bandidos desde el anonimato sólo para encontrar algo de diversión en su vida. “No se trata del dinero. Se trata de mí. De mí contra el sistema”, le dirá a Vicki (Dunaway), la detective de seguros que se dispone a descubrir al cerebro detrás del robo sin poder resistirse a los encantos de Crown.

Respecto a la historia, se puede resumir en pocas palabras: un millonario harto de la rutina y falto de emociones logra robar un banco. La policía y el FBI, desesperados, recurren a una investigadora de seguros que ve las cosas de un modo más psicológico que sus colegas hombres, que pierden el tiempo revisando fichas policiales y antecedentes penales. La chica, por deducción, llega a Crown asumiendo que “cada crimen tiene una personalidad” y que la de éste no es financiera sino psicológica. El resto es el juego entre gato y ratón donde ella sabe que él es el responsable y él sabe que ella le está tendiendo una trampa. Sin embargo, así se forma el “affaire” que da título al film y que será su hilo conductor hasta alcanzar el clímax.

Los valores estéticos de El Affaire de Thomas Crown se ven desde el principio, con los títulos iniciales a cargo del diseñador español Pablo Ferro: viñetas con escenas de la historia en varios colores se nos presentan con un fondo negro haciendo justicia a la canción “The Windmills of Your Mind” (Los Molinos de Tu Mente), compuesta por Michel Legrand con letra de Alan y Marilyn Begrman describiendo el inconsciente. El intérprete Noel Harrison, al principio, no se animaba a cantar hasta que fue estimulado por Legrand, y el resultado fue muy bueno ya que el tema no quedó en el olvido y recibió el Oscar al año siguiente.

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Este film fue el primero en dividir la pantalla en una película, técnica que se presentaría bastante seguido en la historia, como cuando Crown contacta a los ladrones desde su oficina antes de ejecutar el asalto, o durante el torneo de polo del que participa poco antes de conocer a Vicki. El tema de Harrison vuelve a aparecer en una escena del film, pero Legrand basa la mayor parte de la banda sonora en otro titulado como “His Eyes, Her Eyes” (Los Ojos de Él, Los Ojos de Ella), que fue compuesto mucho antes de que existiera “The Windmills of Your Mind”. Legrand preparó 90 minutos de música de acuerdo una versión preliminar de cinco horas de la película y, cuando el film se reajustó a la hora y cuarenta minutos de duración final se hizo con base en la música del compositor francés, lo cual demuestra también la importancia a los valores estéticos que tuvo el film. La versión vocal de “His Eyes, Her Eyes”, interpretada por Sarah Vaughan, se puede encontrar en banda sonora, así como también una versión interpretada por el propio Legrand.

Otro aspecto interesante también se presenta en la fotografía, con un efectivo abuso de los planos detalles: los ojos azules de McQueen y los sensuales labios de Dunaway ocupan un buen tiempo de pantalla, como si el director quisiera que el espectador se meta en la mente de los protagonistas, porque en definitiva la historia trata sobre eso: el desafío mental entre Crown y Vicki.

El Affaire de Thomas Crown tuvo una segunda versión en 1999, retitulada en Hispanoamérica como El Caso Thomas Crown y protagonizada muy satisfactoriamente por Pierce Brosnan y Rene Russo. Este remake está más desarrollado y mejor estructurado que la original en cuanto a argumento, pero se queda corta en cuanto a valor artístico: la banda sonora de Bill Conti es agradable, pero no llega a tener el estilo de la de Michel Legrand. Lo mismo ocurre con la fotografía: está bien lograda, pero no tiene la belleza de la versión de 1968. En pocas palabras, la versión 1999 está bien hecha, pero le falta introspección. Es más lo que se dice que lo que se puede sentir o asumir.

A 50 años de su estreno, El Affaire de Thomas Crown pasará a la historia como una película que muchos podrán cuestionar si es –a nivel intelectual- buena o mala, pero nadie podrá negar que a nivel artístico es muy bella.

 

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