L’HÉROÏQUE LANDE (LA FRONTIÈRE BRÛLE) (2017)

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Haz clic para ver un clip del documental

Hace un par de días tuve la oportunidad de asistir al estreno en el Reino Unido del documental L’Héroïque Lande, La Frontière Brûle (2017) (La “tierra” heróica, la frontera quemada), una producción de los cineastas Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval. La película es un retrato íntimo, fríamente desgarrador, y en cierto modo desesperanzado de la vida de los habitantes del campamento de refugiados conocido como “the Jungle” (la Jungla), en Calais, Francia.

Calais es un pueblo costero del norte de Francia, un puerto desde donde muchos ferris parten hacia el Reino Unido, cuya costa a tan sólo 33 kilómetros de distancia puede ser avistada en días despejados. Esta cercanía a la isla es una de las razones por las cuales, durante más de dos décadas, miles de migrantes han llegado a Calais con la esperanza de pasar los controles de seguridad y alcanzar el sueño de tocar tierras británicas. A lo largo de los años los refugiados fueron conformando un enclave humano de más de diez mil personas, una pequeña “ciudad” en continuo crecimiento en donde la afluencia de personas era inversamente proporcional a la calidad de vida.

El documental de Klotz y Perceval se divide en tres partes. La primera es un retrato de la vida cotidiana de los habitantes de la Jungla: conocemos cuán precaria es la vida de estas personas (casi todos hombres jóvenes), sus costumbres cotidianas en las enclenques tiendas que habitan, y sus dolorosas historias de vida. Sirviéndose como pueden de los idiomas que han ido aprendiendo durante sus largas travesías, los habitantes de esta “ciudad” relatan las peripecias que han vivido para llegar hasta Calais, casi siempre luego de maltratos, abusos, y muchas falsas promesas por parte de autoridades estatales y timadores profesionales. Cargados con su doloroso pasado, huyendo de la guerra y de la muerte, y buscando una vida mejor, estos hombres intentan encontrar la oportunidad perfecta para burlar las autoridades (con sus gases, sus perros, sus armas) para así continuar su viaje.

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La segunda parte nos enfrenta a la controversial decisión que el gobierno francés tomó de destruir el campamento a finales de 2016. Las secuencias nos muestran, por una parte, a los habitantes de la Jungla reuniendo sus pocas pertenencias, haciendo un duelo silencioso de una pérdida más de su hogar; y por otra, a las autoridades (policías uniformados y miembros del gobierno local) desalojando con dureza a los refugiados y quemando las tiendas para que no regresen. Durante el desalojo la cámara nos muestra tanto a los unos como a los otros en un mismo espacio, como si fueran parte de una misma masa humana, y aunque la manera de vestir delata quién es quién, es imposible no preguntarnos los diferentes niveles de dignidad que la sociedad les ha asignado. Al final de esta segunda parte, algunos de los refugiados aparecen protestando de manera pacífica, con unos carteles que sintetizan la vergüenza generalizada que representa para el continente la manera como se ha asumido el problema migratorio: “vinimos a Europa para tener Derechos Humanos y no hemos encontrado ninguno”, “también somos seres humanos”.

La tercera parte, llamada “Phoenix”, es un retrato de aquello que no termina de aceptarse: la realidad de los refugiados, las personas concretas que han venido en busca de una vida distinta, no es algo que se pueda desaparecer como se una tienda de campamento que se pone a arder en llamas. La decisión oficial de destruir el lugar donde vivían miles de personas, sin ofrecer un nuevo espacio para ubicarlos, no ha solucionado nada. Al contrario, ha agravado la situación. En ese estado de confusión, sin saber a dónde ir, la fuerza de la vida, de los individuos y del colectivo que conforman, sigue dándoles voz para decir que existen en un mundo donde nadie quiere reconocerlos.

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Hay que decir que el documental que estos directores han creados hace opciones estéticas que permiten trasmitir de manera clara su mensaje de denuncia. Para comenzar, el documental se extiende durante casi cuatro horas, opción que a mi manera de ver tiene la intención de generar una sensación de cansancio, hastío, y desespero, algo que refleja (nunca podrá ser igual) las sensaciones que viven los refugiados en medio de este campamento rodeado por altas cercas y policías determinados a atacarlos. También es verdad que, aunque se presentan muchos rostros con sus historias, sólo acompañamos a un grupo pequeño de ellos a lo largo de todo el documental. Así como se vive en la Jungla, donde constantemente hay movimiento de personas, así mismo conocemos de manera pasajera a estas personas de las cuales conocemos su pasado, pero no su porvenir. La cámara se mueve de manera fluida, como queriéndonos hacer olvidar de su presencia, y permite en muchos momentos retratar de manera cruda y conmovedora, sin recurrir a artificios emocionales. La música está ausente la mayor parte del tiempo, dejándonos acompañados del silencio, del murmullo de voces que no siempre se entiende, y sobre todo del rugir incesante de los camiones que pasan por la autopista cargados de mercancías que nunca llegarán al campamente de refugiados.

Es verdad que L’Héroïque Lande (La Frontière Brûle) genera un conflicto para quienes se atreven a verlo. Para mí ha sido impactante, viviendo en este país y escuchando casi a diario sobre el Brexit, que un grupo de personas se reuniera en una sala de Londres para enfrentarse a un retrato tan crudo de un problema en el que todos tenemos opiniones, pero no estamos dispuestos a cooperar. Mucho más impactante si uno piensa en el significado de ese “sueño británico” de tantos de los protagonistas del documental, que tienen una fe ciega en que habrá una mejor vida si logran pasar el Canal de la Mancha.

No obstante, como sucede con todos los documentales, es evidente que es un retrato parcial de la realidad. Por ejemplo, estoy seguro de que en el campamento existían grupos de voluntarios e instituciones no gubernamentales que acompañaban a los refugiados, pero el documental tiene la intención de mostrarlos abandonados de cualquier ayuda externa. Tampoco se mencionan los problemas de seguridad, drogadicción, y abusos que sucedían en la Jungla, opción que irónicamente deshumaniza a quienes habitaban el campamento. De todas maneras, que quede bastante claro, este documental es una producción hermosa e inquietante, un documento cinematográfico que remueve el corazón y la cabeza, una pieza indispensable para seguir pensando en la manera como queremos construir nuestras sociedades en un tiempo donde parecen tener cada vez más fuerza las identidades nacionales aisladas, las categorizaciones al momento de reconocer derechos, y las estructuras (a veces oficiales) que atentan contra la vida.

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