CALL ME BY YOUR NAME (2017)

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Con el pasar del tiempo he ido descubriendo con mayor certeza que la relación que establecemos con el cine tiene más de emocional que de racional. No quiero decir con esto que nuestra manera de estar frente a la pantalla ‘grande’ carezca de sentido, o que sea imposible descifrar su dinámica, o que no podamos hablar en términos razonables sobre lo que nos suscita el cine. Más bien, me voy convenciendo cada vez más del lugar preponderante que ocupa nuestra capacidad de empatía cuando ‘leemos’ el cine.

Call Me by Your Name (2017) es una película profundamente conmovedora, hecha de una ternura tan bella como discreta, y que retrata una de las experiencias más humanas: el (des)encuentro que acontece cuando nos enamoramos. Dirigida con autoridad por Luca Guadagnino (que antes hizo I Am Love (2009) y A Bigger Splash (2015)), la historia es la adaptación de la novela homónima de André Acimanand. James Ivory escribió esta versión cinematográfica, superando con creces lo que hizo a finales de los 80’s con Maurice (1987).

Esta historia ocurre a mediados de los años 80, en el escenario bucólico que ofrece el norte de Italia durante los mejores días del verano. Allí encontramos a Elio (Timothée Chalamet), un precoz joven intelectualmente avezado, que disfruta transcribir las obras de Schoenberg e interpreta el apasionadamente el piano. En su casa se habla inglés, francés e italiano, y se vive con la libertad propia del talante de su padre, el señor Perlman (Michael Stuhlbarg), un académico especializado en la Antigüedad Clásica, y su madre, Annella (Amira Casar). Como es habitual, durante el verano la pareja de esposos recibe a un joven en una especie de pasantía académica. Es así como Oliver (Armie Hammerllega a esta casa, con la intención de aprender un poco más sobre el arte de la Antigüedad bajo la tutoría del señor Perlman.

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El señor Perlman (Michael Stuhlbarg), Elio (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer).

La película toma su tiempo para construir la relación entre Elio y Oliver, tejiendo con paciencia y delicadeza las tensiones propias del enamoramiento inicial. Así como en la sensual escena en la cual los dos protagonistas acompañan al señor Perlman a rescatar una escultura de un antiguo naufragio en un lago cercano, así con ese mismo deseo, curiosidad y ardor, Guadagnino nos acerca a lo que sucede entre Elio y Oliver. Es como si pudiéramos ‘tocar’ a través de nuestra presencia ante la pantalla el agitado mundo interior de estos dos personajes. Se nota el sello propio del director italiano, que parece apuntar de manera consciente a una experiencia multisensorial a través de la imagen, acortando la brecha entre lo que se vive en la pantalla y lo que como espectadores experimentamos. Las escenas vibrantes, eróticas y bellas nos implican como testigos de una relación inolvidable. La banda sonora no podría ser más ajustada para ambientar la dulzura desgarradora de la historia. (La voz y la música de Sufjan Stevens le dan un toque súblime).

La actuación de Chalamet es impactante, llena de matices profundos, tan reveladora como misteriosa. Hay secuencias en las que sólo las miradas de este joven o su lenguaje corporal trasmiten con contundencia cuán abrumado, apasionado, frustrado, extasiado o trastocado se encuentra Elio. No es usual tal habilidad en un actor tan joven. El resto de los personajes encajan a la perfección, especialmente la química evidente entre Chalamet y Armie Hammer, quien se desmarca en esta película de los papeles que en algún momento parecían ser una cárcel para él.

Sin embargo, el elemento más poderoso de Call Me by Your Name podría ser el más incómodo para algunos. Esta historia de amor homosexual entre dos hombres reales, no estereotipados, en ningún momento hace la pregunta por la legitimidad de este tipo de relación. No se trata de una historia trágica donde el sufrimiento alecciona y sitúa a los personajes en el lugar ‘correcto’. Es sin duda un paso adelante en la representación cinematográfica de las relaciones homosexuales, haciendo de esta película no una historia LGBTI, sino simplemente lo que es, una historia de amor. El discurso final del padre de Elio, interpretado magistralmente por Stuhlbarg, es uno de los momentos más emotivos que he visto en cine este año; entraña una sabiduría profunda, una libertad interior que ojalá todos tuviéramos, es una voz que apela a la más genuina bondad y, sobre todo, un recordatorio de la alegría de ser ‘blessed be the mystery of love‘.

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