LUCY (2014)

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Lucy (2014). No ha salido de mi cabeza. No sé si por la bondad y belleza de la película o por locura del espectador. Me inclino menos por la primera y más por mi locura.

Pensaba encontrarme con una Lara Croft más. Con tiros, escenas riesgosas, idas y venidas, una protagonista bella y muchas piñas sangrientas. De hecho, el comienzo de la película apunta para allí: comienza en Hong Kong, con una mafia asiática, una cuestión de millones de millones de alguna moneda, torturas, malos muy malos, grandes músculos albergaban dragones tatuados, barbas estrafalarias. Pero todo cambia.

Lucy no es una película común. Se queda a medio camino para ser una película de acción, común y corriente, le falta voltaje para eso. Pero tiene una historia que cautiva y enloquece, que predice, que profetiza, que imagina y proyecta la teoría de la evolución al extremo de los extremos, que es ciencia ficción pura y dura.

Junto con la protagonista principal, una endiosadamente frágil Scarlett Johanson, está el clásico y excepcional Morgan Freeman que realiza el papel de sabio sabelotodo Profesor Samuel Norman con una soltura y bondad que despiertan familiaridad. Él es quien imagina, como catedrático de vaya a saber uno qué Universidad, la posibilidad de que el ser humano utilice más del 10% de la capacidad de su cerebro que, dice él y la teoría que lo sostiene, que es todo lo que utilizamos. Del otro lado del mundo, nuestra Lucy, sin saberlo en primer momento, está siendo sujeto de ese avance evolutivo por un evento un tanto desafortunado.

Aquí está el mérito del director francés Luc Benson, un peso pesado de la ciencia ficción ya que es el director de El Quinto Elemento (1997), en ir intercalando con maestría las escenas de la teoría del Profesor Norman y los condimentados sucesos de la vida de Lucy, quien se ve utilizada como mula de una droga nueva que será furor en Europa, droga que se le introduce en el torrente sanguíneo y ocasiona el fortuito y fenomenal incremento de su capacidad cerebral (dejo este dato al pasar: es interesante y arriesgado el planteo de que una droga alucinógena lleve al hombre a una perfección mayor, a avanzar en la supuesta escala de la evolución).

Entonces empieza lo bueno. Lucy busca al Profesor Norman para comentarle que lo que él teoriza como hipótesis es verdad. Mientras, como una cosa más, la mafia la busca a ella y los policías buscan a la mafia. Escenas de persecución cosmopolita las hay, tienen su simpatía, pero el centro está puesto en la “mutación” de la protagonista. Se convierte como en la mujer síntesis del género humano, pudiendo ir y venir en el tiempo, sabiéndolo todo. Todo. Incluso hasta su muerte próxima. Su mismo cuerpo le incita a consumir más y más de esa droga y, atención, su mismo cerebro hace el esfuerzo una y otra vez de deshacerse de su cuerpo, porque así es la evolución, porque Lucy ya lo sabe todo, ya no necesita el cuerpo.

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Uff… De fondo comienza a verse una terrible visión positivista y cientificista de la realidad. En un vuelo, Lucy pierde unas muelas, su cuerpo, más bien, su súper-cerebro, las expulsa. De mientras, su dichoso cerebro se va llenando de información, mucha información, que la hacen desconectarse un poco de lo que sucede, andar en el mundo como algo ajeno a él, más allá de las cosas, del tiempo, de los recuerdos, de las heridas, de las personas, más allá, también, del conocimiento de la realidad, de la relación con las cosas que le permiten al hombre conocer y, por eso, amar y, por eso, servir.

El astuto Profesor, con la sabiduría que le viene por viejo, se pregunta si la humanidad está preparada para tanta cosa, para tanta información, para tanto avance. Sorprendido recibe a Lucy, la escucha, la observa con un grupo de colegas y, digamos que, la entiende. La pretensión del hombre de querer ser como Dios se olfatea en esta película de manera excepcional y es muy bien trabajada: Allí está la mujer que ya no es mujer, porque ha superado esas nimiedades de diferenciación, ya es otra cosa, ya está más allá, ya es más. Y allí también están los hombres que la ven y son testigos de lo que ella es, de la nueva era que viene a mostrar, del nuevo hombre que viene a instaurar. Un hombre que lo sabe todo, que lo entiende todo, que lo domina todo, que es dueño y señor de todo.

Hasta aquí perfecto, movilizante, alucinante y, en cierto punto, aterrador. El desgarrador final, plagado de tiros, metalletas, chinos y policías, nos da a contemplar la frutilla del postre de esta obra científica. Lucy, vislumbrando el final de su vida como tal, sintiendo el fin de su tiempo terreno, entrega todo lo que sabe, toda la información que posee, toda la síntesis que ella misma es y se inmola en pos de la humanidad que necesita todo eso para ser más de lo que es. Genial.

Lucy, entonces, como no podía ser de otra forma, se vuelve parte del todo, ¡ojo! se vuelve parte de la red. Como nuestro dichoso y bienhallado internet, está en todos lados, está para todos, es para todos, es de todos. Lucy es nuestra, Lucy es poderosa, Lucy es la primera de la nueva humanidad.

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