HABLE CON ELLA (2002)

Pedro Almodóvar

Creo que la primer película de Pedro Almodóvar que vi fue Carne Trémula (1997, trailer), en una de esas noches de viernes en las que el programa de televisión para noctámbulos Cine Arte la trasmitió. No recuerdo bien la trama de la película, sólo me quedaron dos impresiones: primero una concretísima, la escena de una mujer parturienta (Penélope Cruz) en un bus; y  segundo, una sensación de inquietud a causa de lo narrado en la película. Aunque no podría repetir con detalle lo que sucedió, sí tengo claridad del impacto que me causó. Después de ese primer acercamiento, no planeado, al trabajo de Almodóvar,  poco a poco he ido adentrándome más en el trabajo diverso de este hombre que genera odios y amores entre los espectadores y los críticos. Por mi parte, lo digo desde ya, nada de odios, sino un amor y una admiración por su trabajo.

El sello de Almodóvar en sus películas no se queda solamente en ese deseo de trasgredir las normas de la sociedad, especialmente esa sociedad española de la época franquista en la que tuvo que crecer, como tantas veces lo ha dicho y manifestado en sus trabajos. Claramente la presencia de estos elementos trasgresores, marginales, escandalosos y provocadores., como las escenas sexuales (muchas homosexuales) desgarradoras, el consumo indiscriminado de drogas, el maltrato, la prostitución, las mujeres desesperadas, el asesinato a sangre fría, las violaciones, etc., siempre harán parte de sus películas en mayor o menor medida. Pero para mí su sello personal va más allá, y es el deseo insaciable de contar historias, de hacerlo de maneras diversas, poniendo al servicio su creatividad y genialidad audiovisual. Hable con ella (2002) es una muestra de esto. Puede ser una de sus películas menos “Almodóvar”, según muchos, porque rompe con algunos elementos usuales en él, empezando porque los protagonistas son dos hombres (mientras sus cintas son más bien un muestrario amplísimo del mundo femenino) y porque las escenas explícitas de situaciones desgarradoras no aparecen. Sin embargo, quien conoce a Almodóvar no puede dejar de reconocer su mano en Hable con ella, especialmente por la magnitud y profundidad de la historia, además tan bien contada (como lo reconoció la Academia al darle el Óscar a Mejor Guión Original y nominarlo a Mejor Director).

La historia de Hable con ella se centra en dos hombres que se hacen amigos porque comparten una situación terrible: la relación con una mujer en coma. Benigno (Javier Cámara, inolvidable por su posterior papel con Almodóvar, Paquita, en La Mala Educación) es un enfermero que cuida con extrema delicadeza a una paciente en coma, la hermosa Alicia (Leonor Watling), bailarina de profesión, a quien le habla con desparpajo, llegando a contarle los más mínimos detalles de su día a día. Sus gestos meticulosos, su voz dulce y tierna con Alicia, hace sospechar desde un principio que la relación que ha establecido con aquella mujer inconsciente está allende el vínculo profesional. Por otro lado está Marco (Darío Grandinetti), un hombre tristísimo (llora con una amargura indecible en varios momentos de la película), quien está en el mismo hospital acompañando a su novia torera, Lydia (Rosario Flores), quien ha entrado en coma luego de ser corneada en una faena. Marco y Benigno, habiéndose encontrado por casualidad, comienzan a construir una amistad en torno a lo que viven con la presencia ausente de estas mujeres. Refulge todo el tiempo la presencia del cuerpo, el de las mujeres, cuando están “dormidas”, pero también cuando están vivas, bailando, toreando; el cuerpo que se toca, que se muestra, que se usa, que se abusa.

Escena de Hable con ella

En el centro de toda esta historia encontramos al personaje principal, Benigno, quien es retratado magistralmente por Almodóvar a través de juegos de cámara cuidadosos, de tomas largas que revelan la intensidad del afecto de este hombre por Alicia, de acercamientos a sus manos y a sus miradas tan elocuentes. Su benigna entrega por ella poco a poco se va tornando más oscura cuando descubrimos que realmente está obsesionado con esta mujer, a tal punto de creer que tiene un vínculo afectivo real con ella. Su devoción por Alicia se torna en una horrorosa historia de amor, sin que en ningún momento perdamos la simpatía por este hombre que, si se mira bien, ha sido capaz de cometer un grave horror. Almodóvar afirma en una entrevista que sólo escirbe personajes si, incluso en las situaciones más abyectas, sigue manteniendo la simpatía por ellos. Esto sucede con Benigno, con quien al final, igual que Marco, como espectadores nos mantenemos fieles aun sabiendo que ha sido capaz de violar a una mujer inconsciente. Si miramos bien, así  como estas mujeres atrapadas en sus inertes cuerpos, Benigno también está encerrado en su propia vida. ¡Qué historia la que ha escrito este hombre! ¡Qué tema tan delicado, tan bien contado!

Una de los elementos más significativos de Hable con ella, además de esta historia, es la “intertextualidad” que aparece continuamente. Es un elemento de todas las películas de Almodóvar, pero aquí se hace más patente. El cine que hace este director nos lleva a saber más, a indagar más, a  trascender las fronteras mismas de la película para comprenderla. El ejemplo más claro, a mi manera de ver, es la presencia del trabajo de la coreógrafa Pina Bausch, de quien he hablado en una entrada anterior en este blog. Al principio, nos encontramos con Café Múller, obra de danza conteporánea, que marca el encuentro primero entre Marco (quien llora mientras la ve) y Benigno (quien luego cuenta con lujo de detalles a Alicia lo que ha visto). Café Müller (aquí puede ser vista en su totalidad) es una pieza angustiante que muestra la presencia de hombres y mujeres en un café atiborrado de sillas, donde las parejas se mueven entre el encuentro y el desencuentro; un café donde nunca se está por completo y se puede pasar la vida entera vagando con el otro en frente pero ignorándolo siempre. La fuerza emocional de esta obra, que Pina misma interpretó para Hable con ella, nos habla de la historia de Marco y Benigno, la que nos está contando el director. Pero es, sin duda, una clara muestra de su manía (buena) de hacer referencia en sus obras a todo aquello que lo ha inspirado, que le ha emocionado. Al final, nos encontramos con otra obra de Pina, Masurca Fogo (escena), llevándonos así al lugar donde todo comenzó, pero con un matiz más esperanzado.

Imagen del corto Amante Menguante

Otro elemento llamativo en este sentido de la “intertextualidad” es el corto Amante Menguante que vemos al interior de la misma película, homenaje a las películas de cine mudo que cautivaron en algún momento a Almodóvar y otras cintas que han tratado el mismo tema de amantes empequeñecidos. Se trata de un recurso cinematográfico que, además de rendir tributo, sirve para contarnos un momento crucial de la historia que, según Almodóvar, no era capaz de mostrar descarnadamente, por amor y empatía con el personaje de Benigno. El corto es interpretada por Paz Vega y Fele Martínez, que narra la historia de una mujer científica, Amparo, que decide experimentar su recién hallado remedio para la gordura con su esposo, Alfredo. El efecto en el hombre es una disminución inusitada de su tamaño, situación que lo hace entrar en depresión, llevándolo a abandonar a Amparo. Después de un tiempo ella lo rescata de su casa materna, llevándolo nuevamente al hogar de la pareja, donde a pesar del tamaño pasan una noche juntos. Mientras la mujer duerme plácidamente, el diminuto hombre explora el  cuerpo femenino como grandes montañas, hasta llegar al recinto sagrado donde decide adentrarse y allí quedarse. ¡No había otra manera para contar la realidad de Benigno! Una genialidad propia de Almodóvar.

Y, para no dar más ejemplos, recordemos la escena de Caetano Veloso cantando Cucurrucucú Paloma. ¿Quién no llora en este momento de la historia? Almodóvar es un admirador de Veloso, a quien invitó a participar personalmente en Hable con ella (escena). Almodóvar no sólo hace referencias a otros autores, como vemos aquí, sino a sus mismas películas. Por ejemplo, en esta misma escena aparecen Cecilia RothMarisa Paredes, protagonistas de su película anterior, Todo sobre mi madre (1999). En otros trabajos suyos sucede lo mismo: ¿sabían que uno de los libretos en los que trabaja Enrique Goded, personaje de La Mala Educación, donde habla de una abuela fantasma, es una alusión a la película Volver, que haría unos años después? ¿Se habían dado cuenta de la alegoría que Almodóvar hace a sí mismo, especialmente a Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), a través de la película ficticia, Chicas y Maletas, que aparece en Los Abrazos Rotos?

Escena de Hable con ella

Finalmente, una mención breve sobre la música, reaizada magistralmente por Alberto Iglesias. Él ha colaborado ya en varias producciones con Almodóvar, dándole una verdadera vida a las historias a través de los arreglos musicales que ha hecho. Aquí una de las composiciones, para que se antojen y, si algún día pueden, compren esta banda sonora.

Véanla. Veánla todos, quienes ya la vieron, quienez aún no, porque estas obras de arte se disfrutan todas las veces que sea posible.

Otrosí: ¡Qué alegría que Hable con Ella haya sido la primera película en nuestro idioma que vemos en Siete y Medio!

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2 comentarios sobre “HABLE CON ELLA (2002)

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  1. Ayer tuve la oportunidad de disfrutar de esta película pues, extrañamente, no la había visto antes.
    Como es habitual, me gustó mucho. Almodóvar tiene ese don de crear personajes impresionantes con unas historias de fondo que me ponen a alucinar. También tiene la habilidad de hacernos reconciliar con los “malos” o con ese alter ego malévolo que tienen algunos de sus protagonistas.
    Hable con ella tiene un matiz diferente frente a sus demás proyectos y es que retrata el drama de dos hombres; si hacemos una lectura de sus obras casi todas manifiestan el drama de la mujer, su sufrimiento, su psiquis y su manera de ver el amor, en ésta el manchego nos retrata el dolor de un par de hombres enamorados, su sentimiento, y sobre su definitiva entrega al amor y a la amistad. ¡Me encantó! Como siempre 🙂

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