LARS VON TRIER + BJÖRK: DANCER IN THE DARK (2000)

Recuerdo claramente la primera vez que vi Dancer in the Dark (2000): una noche lluviosa de viernes, sentado en frente de mi televisor, casi a la media noche. Estaba viendo ese programa relegado de la televisión colombiana llamado Cine Arte (¡aún existe!), que esa noche me llevó por los senderos ensombrecidos de Selma Ježková. Tenía una referencia vaga de Björk, pues había escuchado un casette (esto suena al siglo pasado) de su album Homogenic. De Lars von Trier no sabía, sinceramente, nada. Sin embargo, lo más importante de esa noche no fue “conocer” más a fondo el trabajo de estos dos artistas, sino un descubrimiento fundamental en mi relación con el cine: me encantan las películas que me revuelcan por dentro. Sollozando, llorando y suspirando, la historia de Selma me removió todo por dentro. Me hizo sentir la poderosa fuerza del amor que se entrega completamente hasta negarse a sí mismo, pero también una rabia encendida frente a la injusticia cometida contra alguien puro e inocente.

Dancer in the Dark

Pasando a otros puntos menos personales, hay que comenzar diciendo Lars von Trier siempre ha sido un director y escritor controversial, como lo demostró hace menos de un año cuando, en el Festival de Cannes, hizo algunas declaraciones a favor del nazismo de Hitler, lo cual generó su expulsión del certamen y ser nombrado como “persona no grata” en la ciudad. Su vida ha sido particular en muchos sentidos. Nació en Copenhague, Dinamarca, en 1956 en una familia conformada por una madre comunista y un padre social demócrata, con una afición por el nudismo, cosa que Trier vivió durante su infancia. En el lecho de muerte de su madre, ella le confesó que su verdadero padre era un antiguo jefe que había tenido, a quien conoció sólo en 1989.

Lars von Trier

Su experiencia con el cine comenzó cuando, a los 11 años, recibió como regalo una cámara Super 8, con la cual realizó diferentes grabaciones a lo largo de su paso por la secundaria. En 1979 ingresó a la National Film School of Denmark, donde recibió el apodo de “von”, como una sátira de sus compañeros a lo común de su nombre y su apellido. Siendo estudiante produjo algunos cortos significativos: Nocturne (1980) y The Last Detail (1981), que ganaron premios a Mejor Película en el Munich International Festival of Film Schools. Después de graduarse, realizó una serie de películas conocidas como la Trilogía Europa: The Element of Crime (1984, trailer), Epidemic (1987) y Europa (1991, trailer). Las tres recibieron premiaciones diversas en el Festival de Cannes.

Luego de esta serie de películas y de trabajar en su propia productora de cine y TV (llamada Zentropa, como la compañía de trenes de Europa), fundó junto al director Thomas Vinterberg el movimiento Dogma 95. Con su Manifiesto (que también llamaron “Voto de Castidad”) establecieron algunas reglas para la realización de películas:  la suprema importancia de elementos como la historia, la actuación y el tema, excluyendo el uso de elaborados efectos especiales o tecnología. Se trataba de unas reglas que se autoimpusieron para crear, lo cual trajo elementos interesantes y característicos en las películas que Lars von Trier realizó durante esos años: la cámara debe llevarse en la mano, la grabación debe hacerse en exteriores, el sonido no debe ser mezclado separadamente de las imágenes, las luces artificiales están prohibidas, entre otras. Bajo la tutela de Dogma 95, Trier realizó la “Golden Heart Trology“, compuesta por películas centradas en heroínas con un “corazón de oro”: “mujeres buenas abrumadas por un mundo malo”. La primera de ellas fue Breaking the Waves (1996, trailer), película que cuenta la turbulenta historia de una mujer llamada Bess, cuyo amor por su esposo, sus creencias religiosas y sus deseos sexuales, la llevan a las situaciones más inesperadas. Este largometraje ganó el Grand Prix en el Festival de Cannes y le dio a su protagonista, Emily Watson, una nominación al Óscar como mejor actriz principal. La segunda película, The Idiots (1998), una delirante historia sobre un grupo de adultos que han decidido dejar salir al idiota que llevan dentro para romper con todas las inhibiciones que la sociedad les ha impuesto. Y, finalmente, Dancer in the Dark (2000), la historia con la que terminó esta trilogía.

Afiche de Dogville

Con estas películas Lars von Trier empezó a romper algunas de las reglas que se había impuesto con el Manifiesto de Dogma 95, como se puede ver en las secuencias musicales de Dancer in the Dark. Poco a poco, las reglas terminaron volviéndose algo del pasado, como lo ha demostrado con sus últimas películas, haciendo que su fidelidad al “voto” que había realizado se rompiera definitivamente. En 2003 inció con Dogville (trailer) una trilogía sobre los Estados Unidos, que continuó con Manderlay (2005, trailer), pero que no terminó por dejar su película Washington en fase de preproducción. Esta serie de films surgió como una respuesta a quienes le criticaron, especialmente luego de Dancer in the Dark, por retratar de manera tan “injusta” (dicen algunos) un país que nunca ha visitado. Él decidió, entonces, tocar puntos delicados en la cultura estadounidense como la intolerancia  (Dogville) y la esclavitud (Manderlay), para mostrar a su estilo algo que todos sabemos qué son los Estados Unidos. Después de estas películas, ha realizado dos largometrajes: Anticrhist (2009, trailer), una fuerte película  sobre “una pareja en duelo que se retira a su cabaña en el bosque, esperando que este retorno al “Edén” reparará sus corazones rotos y su matrimonio, pero la naturaleza toma su curso y lleva las cosas a una situación peor”; y Melancholia (2011, trailer), un drama sobre el desastre psicológico unido a un cataclismo planetario. Ambas fueron presentadas en el Festival de Cannes, ganando en las dos ocasiones la Palm d’Or para las dos actrices principales (Charlotte GainsbourgKirsten Dunst, respectivamente).

Volviendo a Dancer in the Dark, no resta mucho por decir. El título de la película hace referencia a una escena de un antiguo musical llamado The Band Wagon (1953), donde Fred Astaire y Cyd Charisse bailan una pieza llamada Dancing in the Dark. La participación de Björk en la película consitituye una excepción en la carrera artística de la cantante, pues nunca antes había actuado, pero hizo decidió hacerlo por tratarse de Lars von Trier. Él quiso que fuera la protagonista de Dancer in the Dark luego de ver el video musical que ella realizó para su canción It’s Oh So Quiet. Sin embargo, para Björk la experiencia fue tormentosa por el alto nivel de exigencia que el director le impuso durante el rodaje y que su personaje de por sí demandaba. Al igual que Catherine Deneuve (Cvalda), su compañera de reparto, Björk ha dicho que más que actuar, durante el rodaje “sintió” a su personaje, lo cual la agotó emocionalmente. En una declaración posterior, la islandesa afirmó que, después de la tormentosa experiencia vivida con Trier, nunca volvería actuar. Sin embargo, en 2005 actuó en la película Drawing Restraint 9 (trailer), realizada por el artista Mathew Barney, quien es su compañero sentimental.

Dancer in the Dark también fue presentada en el Festival de Cannes, llevándose la Palm d’Or a Mejor Película y a Mejor Actriz.

Carátula de Selmasongs

Finalmente, vale la pena resaltar el trabajo musical realizado por Björk para esta película, que tuvo como resultado el album Selmasongs (pueden descargarlo aquí). En el album invitó a Thom York, vocalista de Radiohead, a participar en la canción I’ve Seen It All, que posteriormente fue nominada al Óscar como Mejor Canción Original. Björk se presentó en la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia.

Los dejo con un par de escenas musicales de la película, especialmente para que se animen a verla quienes no la han hecho aún. Disfruten del trabajo de este particular director que, con su estilo tan incomprendido, revela diáfanamente los lugares más oscuros del corazón humano.

7 comentarios sobre “LARS VON TRIER + BJÖRK: DANCER IN THE DARK (2000)

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  1. Debo confesar que pese a que concuerdo en relación con el nivel de calidad de la película en cuestiones de forma y estructura, su calidad en el reparto y el nivel de actuación de Bjork me encuentro fuera de toda opinión a favor de este sentimiento compasivo por Selma. Al contrario de la totalidad de las personas que conozco que han visto el film la actitud de Selma me parece rastrera y mezquina y no hallé mayor parte de la película que su final como exaltación a la negación de cualquier sentimiento caritativo por alguien consecuencia de sus malas y, sobre todo, mediocres decisiones (muy cristiana mi percepción no? jajaja) Una opinión no muy ortodoxa sobre la película se debe decir. Repito lo que dices: Hay que verla!!!

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  2. También recuerdo la primera vez que vi Bailarina en la Oscuridad. Juré, después de llorar los últimos 50 minutos con pujo y real sentimiento, que jamás en la vida la iba a volver a ver, pues había logrado lo que ninguna otra película ha hecho a tal nivel: moverme todo por dentro hasta llegar a un grado de descompensación impresionante.

    Ésta es posiblemente una de las películas más bellas que haya visto, me atrapó y me invitó a cuestionarme. Lo logró. Lars Von Trier es sin duda uno de mis directores preferidos; siento que en Bailarina en la Oscuridad, Dogville y Melancolía hace uso del sufrimiento de la Mujer y lo convierte en un espacio para reencontrarse con uno mismo, bien lo decía Javier: “películas que me revuelcan por dentro”.

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